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El chiki facha

Frente a las hordas invasoras de ositos y conejos, terriblemente tiernos, llega el video definitivo; de la mano del Gran Wyoming (o como quiera que se escriba). Con ustedes, el chiqui facha:

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El señor de los anillos

Como excusa para actualizar el blog y no dejarme llevar por la pereza, he decidido buscar noticias interesantes y comentarlas cuando no se me ocurra que escribir, aquí está la primera:

http://www.elpais.com/articulo/gente/laberinto/Hobbit/elpepugen/20080407elpepuage_1/Tes

Un gran director, y el libro más entretenido de Tolkien, está claro que debería salir algo grande.

Si, soy de los frikis a los que el Señor de los Anillos no les parece la obra cumbre de la literatura fantástica. Reconozco a Tolkien como padre del género pero hay autores que me gustan más y muchas obras más interesantes (la gran saga de Martin, Cancion de Hielo y Fuego, por no pensar mucho más). El señor de los anillos me parece aburrida por momentos (dios, como odio los bosques) y un ritmo demasiado cambiante. Además, me pierdo con tanto nombre raruno.

En cambio, el Hobitt me encanta. Es ameno y muy divertido, pasan más cosas que en la triología completa por que se ahora el describir cada cabello sobre la cabeza de los personajes.

Pues eso, esperemos poder disfrutarla

Historia de un cuaderno

Aquí dejo un “algo” que empezé y que no he conseguido acabar

ULTIMO CAPITULO
El Mar

El mar, en calma desde hacía semanas, se ha despertado furioso esta mañana. Ruge bravío, mientras azota sin descanso las paredes de su prisión, como intentando escapar. En la playa, cerca ya de nuestra realidad, el muchacho sonríe pensando en lo inútil de su esfuerzo. Por más que lo intentan, las olas no son capaces de sobrepasar su natural encierro. Debe ser cosa del destino. La sonrisa se trunca amarga, como la Verdad, cuando cae en la cuenta de lo irónico de la situación. Sumido en la impotencia, de rodillas en la arena, deja que una lagrima resbale por su rostro.
Es curioso. Alguien dijo una vez que las cosas importantes vienen contenidas en pequeños recipientes. Un pequeño anillo que contiene millones de promesas, algún sentimiento y visiones de un futuro compartido. Un vaso de agua, que nos trae esperanza, energías renovadas, y quizás, Vida. Un recién nacido, con millones de posibilidades, sin caminos cerrados que lamentar.
Una lágrima, desesperación.
Mientras la mente del muchacho divaga por esta y otras cuestiones, su mirada recorre una vez más el cuerpo del viejo, tirado sobre la arena. Antes de derrumbarse, no puede evitar que un escalofrío le recorra. Dos sentimientos encontrados atraviesan su pecho. Y finalmente, abandona este mundo tal y como llegó, con la amargura de la hiel en los labios.
Ahora son los espíritus del mar los que sonrien sarcásticos, seguros de su victoria. Después de todo, ¿quien mejor para vencer al destino que aquellos que poseen toda la eternidad para luchar?
Mientras el mar continua sus embites contra las rocas, el viento suspira al contemplar, una vez más, la ingenuidad de los mortales

CAPITULO 8
Naturalmente

El viento aulla en la costa, desafiante, mientras el muchacho se pasea por el pequeño acantilado, mirando al mar. Un suspiro se escapa de sus labios, al tiempo que su mirada se posa en un punto de la playa. Es díficil descifrar su significado. Bien podría ser de alivio, bien de satisfacción. Incluso, podría ser un suspiro de ira contenida. Es curioso, pero puede que fueran las tres cosas. Tal vez ninguna, ni el propio muchacho lo sabe. De hecho, si alguien le preguntase, juraría no haber suspirado. Es extraño, pero puede que ni siquiera contestase, tan absorto se haya en sus pensamientos. Al menos, el observador atento no tendrá problemas en adivinar la causa del suspiro, sea cual fuere su significado. Los ojos del muchacho, fijos en la figura del viejo, son incapaces de mentir.

De repente, el muchacho salta a la arena, rompiendo la quietud del paisaje. Sus movimientos, bruscos, casi espamódicos, contrastan con la armonía que rodea a los dos hombres. Conforme se acerca al viejo, contempla como este comienza a maldecir mientras arroja puñados de arena y pequeños guijarros a las pocas olas que logran aproximarsele. Cada palabra que sale de sus labios es fruto del odio más amargo, cualquiera podría darse cuenta. Un odio tan profundo, que sólo puede ser el resultado de un amor real. Resulta paradójico, que amor y odio sean sentimientos tan próximos. Entonces, es posible que las palabras del autor carezcan de sentido. En ese caso, quizás no merezca la pena continuar leyendo, pero no le corresponde a él decidirlo.

Para cuando el muchacho ha alcanzado la posición del viejo, este se ha derrumbado sobre la arena, derribado por el peso de su culpa, casi ahogado entre las abundantes lágrimas. El muchacho, tuerce la boca en una mueca, díficilmente semejante a una sonrisa, al pensar que es posible que sea ésta la única muestra de sinceridad que jamás haya visto en el viejo. Agobiado al enfrentarse a su propio cinismo, debilitado por la traición, el muchacho cae de rodillas junto a su mentor contemplando el mar por última vez.

Mientras, el viento, que parecía haberse quedado mudo al presenciar la escena, recobra su olvidada bravura, levantando oleada tras oleada de fina arena, como si quisiera enterrar en vida a estos hombres y borrar para siempre de su memoria el recuerdo de lo aquí ocurrido.

CAPITULO 7
Destino

Es el sol en esta ocasión, quien contempla imperturbable los acontecimientos narrados por el autor. Mudo testigo del avance del Viejo, no piensa ni por un momento suavizar sus poderosos rayos, para hacer más amable su camino. Si le preguntásemos al Viejo, posiblemente nos diría que el Sol, su más acérrimo enemigo en esta hora (aparte de él mismo), parece hacer lo posible por evitar que llegue a su destino, apretando un poco más a cada paso que da. Ridículo, ¿no?

Sumido en si propia desdicha y a pesardel castigo del astro, el viejo avanza, lento pero firme, hacia el horizonte. Su destino, el mar. Su objetivo, alejarse de su destino – con que ingenuidad pretende el autor dominar las palabras, sin percatarse de los horribles resultados.

Cuando a llegado a la mitad de su camino, el Viejo comienza a elevar una muda súplica a Dioses ya olvidados por el Hombre (que en su estúpida arrogancia, se cree centro del Universo). Ruega a Sol, para que cese en sus ataques. Ruega a Tierra, para que convierta montañas en valles y suavice su camino. Ruega a Viento, para que interceda por el ante su hermano, Sol, y para que permita que alguna de sus hijas, las hermosas Brisas, le acompañe hasta el final del camino. Finalmente, una última oración a Mar, posiblemente la más sincera de toda su vida. Una oración para que las olas le den valor, y para que los peces le ayuden a cumplir su próposito. Una oración para que Mar acepte su sacrificio.

Sus oraciones son atendidas, hasta Sol parece ablandarse ante los ruegos del Viejo. ¿Cómo negarle algo? Quizás en otra ocasión, el autor se avenga a satisfacer la curiosidad del lejano espectador narrando la historia del Viejo. Pero no es su pasado lo que hoy debe importarnos, sino su futuro. Así pues, continúa la marcha del Viejo.

Al llegar, pasado largo tiempo desde el comienzo de su viaje, el Viejo se siente vacío, libre de toda esperanza. Y llora, maldiciendo esta nueva libertad. Sabía que era complicado que Mar aceptara su petición, pero es ahora cuando se da cuenta de jamás le permitirá hallar el olvido entre sus brazos. Al contemplar la espuma, toda su determinación se desvanece, cómo un terrón de arena.

Incapaz de dar los últimos pasos, y furioso consigo mismo por su cobardía, comienza a escupir su odio entre maldiciones y lamentos; culpando al mar de su fracaso. Este, suspira impotente ante la osadía del mortal, apenado por su sufrimiento. Es la Voluntad de Padre que el Viejo continúe su tarea.

Con amargura, el Viejo acepta su destino (cómo ya hiciera tantas otras veces en el pasado) y guarda en una pequeña cajita una perla blanca, caida de su rostro, para que haga compañía a las demás. Tras unos instantes, se sienta en la arena, soñando en otro mundo posible, sin notar la presencia que se le aproxima

INTERLUDIO 1
Historia de dos hombres

Cuentan las leyendas más antiguas de este mundo, la historia de dos hombres. Dos amigos, hermanos incluso. A veces, padre e hijo. Lo único seguro es que eran dos, uno viejo y otro joven. Uno sabio, otro feliz.

Cuentan las leyendas que el vínculo entre ellos se repetía a lo largo de la Historia, una y otra vez, desde que el Padre creara la Realidad, hace cosa de un segundo, o quizás de 9.000 millones de años.

Cuentan las leyendas que siempre el Viejo se ve obligado a traicionar al Joven, cosas del Destino. Y esta es su condena, puesto que mientras que el Joven vuelve a renacer una y otra vez, vacío de recuerdos pasados y feliz de ser; el Viejo conserva cada traición en su eterna memoria, como cristales clavados en la piel de un recién nacido. Esta es su carga, el precio de su inmortalidad.

Y así, cuentan también las leyendas, que Tiempo y Espacio seguirán juntos, unidos para siempre, Verdugo y Víctima, hasta que el Padre decida otra cosa

Una vez más, escribo

Pues si, otro nuevo intento de recuperar el blog, como no, en un momento con escaso tiempo libre; soy un caso.

En fin, a los que se preguntan si logré el objetivo que me proponía en la entrada anterior, decidles que dejen de leer esto. Si creen que de verdad iba a hacerlo, es que no me conocen mucho. Que me inviten a una cerveza, hablamos, y ya podrán seguir leyendo el blog con los conocimientos previos necesarios para ello. En este caso, es imprescindible saber que soy un picao de los malos. Es decir, como de por algo, me da. Ej: me da por el blog, y me tiro dos días subiendo chorradas, modificando 17 veces el estilo, intentando insertar fotos… Luego se me pasa. Cuando más inútil sea el motivo del pique, más me dura (lease un año largo jugando a travian), y así me va.

En fin, intentaré que este pique dure más.

Un beso a Anye, que seguro que me lee y los despistaos que se dejen caer por aquí.

El dicho de hoy es “Más vale entrar en Comedia, que un tranco a medias”

Hasta aquí hemos llegado

Hasta hace unos años, yo era el tipo más feliz del mundo. Hablaba con seguridad de muchos temas, con teorías más o menos peregrinas, que me negaba a cambiar pues nadie me daba argumentos convincentes para ello (no cuentan los de mis padres, no puedo hacerles caso). Creo que en parte esto hizo que dejara de leer. Me abanoné a lecturas sencillas y dejé de interesarme por lo que gente más inteligente que yo podía enseñarme. Yo, que con 15 años leía a Savater y a Vlasco Ibañez, me encontraba con 20 limitandome a releer viejos libros de fantasía.

Un día las cosas comenzaron a cambiar. Mi llegada a la Universidad y mi aficción creciente por la red, hicieron que mis esquemas se tambalearan. Mis argumentos comenzaban a resultar rídiculos, en el mejor de los casos, y la mayoría de las veces tenía que callar. No era capaz de acabar una conversación, o un debate en un foro, con las mismas ideas que al principio. ¿Qué diablos está pasando? ¿Me he quedado hueco?

Hoy he decidido que esto se va acabar, estoy harto de ser un ignorante. Comienzo a leer filosofía y novelas de la guerra civil. Así que, hoy me comprometo conmigo mismo (y con algún despistado que se deje caer por aquí) a nunca más tener que callar en una conversación (con lo que a mi me gusta hablar xD). Al menos, a opinar con solidez cuando me decida a hacerlo.

Hoy tenía ganas de charlar. Mi hermano es muy pesado, no me gusta hablar por teléfono, no encuentro a gente interesante en el messenger, y mis foros habituales están desiertos. Además, soy la persona más interesante que conozco, ¿por qué no un poco de charla íntima conmigo mismo?

El viernes, llegué a Jerez con la intención de celebrar mi cumpleaños con mi familia y mis amigos (por separado, por supuesto). Al llegar a la estación, surgió el título de esta entrada, que no pensaba escribir, pero que el aburrimiento ha hecho posible. Cómo iba diciendo, al llegar a la estación me encontré con un conocido mío. El individuo en cuestión es negro, y siempre me saluda el a mi primero aunque yo le vea antes. El motivo es que nunca le reconozco. Sobra decir que no es ningún gran amigo, pero me resultó curioso el que me pase esto a mi, que tengo muy buena memoria para las caras. Sólo me queda pensar que desde mi punto de vista europeo, todos los negros (al igual que todos los sudasiáticos y parte de los sudaméricanos) son iguales. La pregunta del millón: ¿es esto racismo?

Aprovechando la coyuntura, cito a uno de mis filósofos  contemporaneos favoritos, con el que, todo hay que decirlo, discrepo muchas veces. El personaje en cuestión se adopta la siguiente postura cuando se trata de temas de racismos varios: “Yo no soy racista, lo que pasa es que soy muy ordenaito. A mi me gusta ver cada cosa en su sitio: los negros con los negros, los blancos con los blancos …” Fórmula que, aunque no comparto, se me antoja peligrosamente razonable, y apostaría a que muchos de los auto-designados como no-racistas podrían perfectamente aceptar esta idea como propia.

Pasando a otros temas menos interesantes para el resto del mundo, pero mucho más apasionante para mi, comentar lo bien que me lo pasé en la, anteriormente mencionada, celebración de mi cumpleaños. Comida familiar+scatergoris (soy un sentimental) , seguido de un botellón en excelente compañía (a pesar de las notables ausencias). Luego, otro desengaño en la discoteca habitual, donde todavía no se han enterado (a pesar de múltiples demostraciones), que cualquier tipo de música electrónica mueve más a la peña que el pachangeo setentón/ hip-hop raro/ ????? que se empeñan en pinchar sabado tras sabado. Pero como la compañía seguía siendo buena, y a lo otro ya estoy acostumbrado, esa noche me acosté contento.

Y dando otro giro de 180º a la entrada, comentar que soy un crash y que he aprobado una de las asignaturas de 3º que me quedaba (ver entrada sobre examen desastroso) . El curso comienza bien, ya casi huelo el final.

Un saludo a mis, por el momento, inexistentes lectores.

Hasta la próxima

Vivencias

“Alguien dijo alguna vez, por la boca muere el pez”
Alguien dijo alguna vez “el mundo no gira, lo mueven los dj’s”

Siento la música vibrar bajo mis pies, mientras la pista tiembla. Con una jarra de cerveza de en la mano, dejo que el ritmo me invada, que el sampler se apodere de mi cuerpo y que los movimientos de los platos me guien hasta el cielo. Poco a poco, voy subiendo. Mis pies se van despegando del suelo, mientras mis brazos y mi cabeza se mueven al compás que marca la música; o al menos eso me hacen creer mis oidos. No veo nada ni a nadie, solo soy una nota más en la divina melodía. Y antes de volver a la realidad y darme cuenta de lo que me rodea, por un breve instante, apenas un segundo, soy libre.